Si no disponemos de toda la información, ¿nuestro margen de error es infinito?

Hoy me he tatuado por todo el cuerpo un texto: prohibido fijar carteles. Porque me siento un escaparate andante totalmente desinformado e influenciado por campañas electorales, consumistas, políticas y sociales. No sé quién soy; pero sé quién no quiero ser.

Con tanta sobre-información tendenciosa las personas, más o menos humanas nos sentimos, (o mejor me siento y me pongo cómodo y asumo mis palabras como mías) estamos de sobra y siempre de obra: Molesten las disculpas. World at word.

Aquí nadie es bueno ni malo, ni mejor ni peor, no tenemos tanto poder como para dar lecciones, pero al menos que no nos traten como a estúpidos.

Por mucho que nos intenten convencer de que cualquier tiempo pasado fue mejor, la nueva alternativa cambiará el futuro, y este detergente lava más blanco, nosotros (y sigo hablando por mí) , seguimos creyendo que las palabras escritas al revés, nunca significan lo contrario. Y que sin información, no hay formación y menos razón.

Hay quien insiste en que hablar del pasado es un error; pero yo no dejo de ver documentales de la 2ª guerra mundial, y de las grandes construcciones nazis, y de las mil y una noches nazis en canales teóricamente, informativos y documentados, y no mono-temáticos. Sin embargo, no se puede hablar de la Guerra Civil española, de los 40 años de dictadura, ni de la tumba del dictador fascista Franco. Señores, la peor manera de leer un libro y la historia, es pasar página.

Si no se hizo antes, es porque los políticos en el poder no tuvieron el valor, apoyo o inteligencia para mantener semejante vergüenza nacional. Ese tema no afecta a la agenda de ningún Gobierno, sino se le da la trascendencia sobre-dimensionada y manipulada por los medios de comunicación y oposición de turno, el mundo sigue girando estén los huesos del dictador donde estén y la política mucho más rápido. Hablar de Franco no es hablar del pasado, es hablar de generaciones, respeto y ejemplo de muchos más cadáveres.

Es como quejarse de las rotondas, las multas de tráfico o la subida a los autónomos, cada mes. Son los toros y el  fútbol en el bar para no profundizar en lo importante de la vida, y es vivirla con dignidad.

Esto ocurre porque, en ocasiones meo muertos; sobretodo cuando bebo demasiado de los clásicos. Y de ellos se aprende que si el dinero tuviera realmente valor, se cortaría las venas y el descrédito y dejaría al mundo en paz.

Finalmente y desde mi desinformación aguda, dos breves consejos para navegantes: la realidad es la primera víctima mortal en cualquier conflicto bélico y hay que beberse el mundo para no comerse la cabeza.

 

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